No estamos en contra del buen cine para niños que hacen algunas majors, todo lo contrario lo festejamos y disfrutamos muchísimo y también lo analizamos en profundidad pues nos sirve para aprender.
Pero nuestros festivales pretenden acercar a nuestros chicos a la diversidad cultural del mundo. Entendemos que el cine es el arte que más puede contribuir a su conocimiento y comprensión y que estos son factores imprescindibles del diálogo intercultural como requisito de una cultura de paz.
Si esto ha sido así a lo largo de la historia, en la actualidad la intensificación de la proximidad -física y virtual- entre sujetos pertenecientes a distintos horizontes culturales que nos trae el proceso de globalización, exige una educación abierta a la comprensión de la diferencia cultural - o del “otro”- como potencial aporte a la propia cultura, en lugar de amenaza.
La abolición de todo tipo de estereotipos y de modalidades de discriminación, sean por razones de género, raza, religión, ideológicas, culturales u otras, es la gran batalla cultural de esta época y mucho más de la que muy pronto vivirán los nuevos adultos que son nuestros públicos y estudiantes en los talleres y demás actividades de capacitación en lenguaje audiovisual que realizamos.
Forman parte de la cultura, además de las artes y el patrimonio, los valores, imaginarios y relaciones que modelan la convivencia humana, en cada sociedad y a nivel planetario. Es desde esta perspectiva que encaramos la selección de obras para nuestros festivales. El objetivo que nos guía y nos une es contribuir al desarrollo cultural de los niños y jóvenes, en su calidad de sujetos y ciudadanos cuyos derechos sean respetados y con la capacidad, actual y futura, de aportar sus voces, ideas y creatividad a la construcción de una convivencia social de calidad.
Creamos CINIÑO como un espacio que nos posibilite facilitar el arduo trabajo que año a año debemos encarar para dar continuidad a nuestros festivales y actividades de capacitación.
La mayor parte de nuestras organizaciones no tiene los apoyos y el reconocimiento que merece el trabajo al que dedicamos mucho tiempo y empeño para recibir, a cambio, la gratificación que nos proporciona el disfrute de los niños y el saber que les hemos aportado obras de alta calidad, artística y de contenidos, que podrán movilizar, en sus mentes y sus corazones, las capacidades de innovar, analizar críticamente, crear, y ejercer sus derechos, entre ellos a expresarse y elegir libremente. Requisitos sin cuyo desarrollo no es posible considerarlos ciudadanos plenos.
Sabemos que de no ser por nuestros festivales, los niños y los jóvenes no podrían acceder al conocimiento de las obras maravillosas que vienen, muchas veces, de cinematografías de África, Asia y Europa, desconocidas en nuestros países, Y lo que es peor, tampoco accederían al conocimiento de las realidades geográficas, históricas, sociales, culturales, estéticas y humanas que ellas muestran, siendo este precisamente, el gran aporte que hiciera el arte cinematográfico a la humanidad.
Por eso nos preocupa el desamparo y la indiferencia a la que muchas veces nos enfrentamos, la permanente amenaza de discontinuidad que pende sobre nuestros festivales con cada cambio de funcionarios de las áreas de los gobiernos que nos apoyan y con las mutaciones que se producen en el medio audiovisual, sumamente dinámico y cambiante, en el cual nos movemos.
En los últimos años este panorama se caracteriza por un generalizado descenso de la concurrencia a las salas de cine sobre todo en el caso de las películas nacionales. Dentro de este escenario, el público juvenil e infantil es el que conforma el mayor porcentaje de la masa total de espectadores en todos los países del mundo. Más aún en aquellos donde ellos constituyen la porción mas numerosa de sus poblaciones.